sábado, febrero 19

¿A quien pertenecían las sombras cuando el incendio estaba en pleno apogeo?

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Si descartamos la manipulación de la cinta y eliminamos la posibilidad de que la hora de la grabación estuviera incorrectamente ajustada; si estamos seguros de que no eran bomberos por la falta de cascos, los inapropiados movimientos y el largo tiempo de permanencia; si los registros de salida del inmueble eran correctos y la evacuación se había completado, ¿quién pudo entrar en él sin haber sido controlado antes o después de que se desencadenaran las llamas? ¿Quién pudo permanecer en él sin mostrar ningún signo de pánico? ¿Intentaba alguien recuperar algo valioso? Si se hubiera tratado de un sabotaje o una acción terrorista, ¿por qué las «sombras» no intentaron huir escaleras abajo o se arrojaron por las ventanas? Cuando nos habíamos resignado a echar la culpa a la fatalidad por el incendio y parecía más urgente paliar las consecuencias que exigir responsabilidades ante lo evitable, el vídeo de las siluetas del Windsor nos deja estupefactos, entre el miedo a una realidad aterradora y la indefensión ante una ficción espeluznante.